16
nov
09

De viaje vehiculado por alguna droga

Un tópico, soy consciente, pero necesitaba algún pretexto para escribir en este “diario de a bordo”, y como hasta dentro de un mes no viajaré, tenía que buscarme algo que me permitiera volver a escribir aquí.

Creo que he encontrado una forma válida de definir mi manera de vivir, o al menos un aspecto de ella. He decidido que no me gusta maquillar la realidad, que 2×2 son cuatro, y que por lo tanto, en una larga escala, habrá aspectos de mi propia realidad que me gusten y otros que no, desde los que me despierten un entusiasmo exacerbado, hasta los que, por el contrario, un odio nauseabundo. Por eso, y me gusta esta determinación, puedo disfrutar de lo que me gusta y luchar e intentar arreglar lo que no, creo que teniendo siempre un punto de apoyo y un equilibrio, una manera constructiva de admitir y corregir los errores y un buen criterio a la hora de tomar decisiones. Esto no lo he descubierto por mí mismo, sino observando otros modos de vida que son maravillosos (desde un punto de vista exterior) en todos los sentidos, donde se maquilla la realidad y se acude a inspiraciones, iluminaciones y sentimientos momentáneos sin fundamento que te llevan a realizar actos incomprensibles, incoherentes e inconexos.  El foco de atención lo reciben los aspectos de entusiasmo exacerbado, se vive al máximo y todo es estupendo, mientras se ignora todo lo que se encuentra por debajo. Vamos, una forma de vida más espiritual, pero desequilibrada, en la que por dentro no hay más que un gran magma de cobardía, egoísmo e infantilidad, lo que opino que únicamente justifica los actos incomprensibles que ya he señalado.

Quiero agradecer otra visión sobre la manera de caminar. Afortunadamente, el camino no es llano, continuamente hay que subir para bajar, y así sucesivamente, no seríamos humanos si estuvieramos siempre en el “top”. Alba me lo ilustró muy bien, subimos una montaña, y una vez estamos en la meta, nos embarga un sentimiento de felicidad y satisfacción inaudito. Ahora, tenemos que escoger si quedarnos en ese estado, o bajar, bajar para poder subir otra montaña. Si crees que tienes suficiente, es mejor quedarte, pero si quieres superarte a tí mismo y llegar mas lejos, sobre todo crecer como persona, lo recomendable e imprescindible es bajar, aunque parezca, y lo es, desagradable, porque la cima de la siguiente montaña será aún más reconfortante y placentera, y te habrá hecho ganar muchísima experiencia para no volver a tropezar con los mismos errores que te encontraste en la bajada anterior. De este modo, cada vez las bajadas son menos tediosas y las subidas -repito- mucho más reconfortantes y placenteras, y el amor propio más sólido.

Finalmente quiero señalar algo en lo que Xavi me hizo pensar. Sin darnos cuenta, vamos ocupando los espacios hasta que llega el momento en que no sabes dónde poner las cosas. La casa llena de muebles, la cocina de electrodomésticos, el armario de ropa, las estanterías de libros, el ordenador de archivos e información, el facebook de amigos… Sin embargo, nuestros intereses y experiencia evolucionan, y llega un momento en que algunos muebles, electrodomésticos, ropa, libros, archivos y amigos se hacen viejos (no necesariamente de forma literal), y que se tienen por el simple hecho de que ya están ahí, pero su única función es ocupar espacio, porque han pasado a ser inservibles, inútiles, y precisamente están ocupando el espacio de nuevos elementos que pueden ser mucho más funcionales y necesarios en nuestro proceso evolutivo. Consecuentemente, no es un crimen, si no todo lo contrario, deshacerse de muebles y electrodomésticos, regalar ropa, quemar (o simplemente tirar) libros, mover archivos a la papelera de reciclaje o eliminar amigos. Si somos capaces de realizar estas acciones que a veces parecen decisiones mucho más importantes de lo que realmente son, damos entrada y espacio a nuevos elementos que ocupen el lugar de los viejos. Y todo este discurso viene porque no ocurre solo con el espacio material, porque en nuestro cerebro también tenemos muchas ideas, conocimientos, pensamientos ya caducos e inútiles que ocupan un espacio útil y que no dejan paso a otros nuevos, o (me pongo sentimental pero siempre he odiado escribir sobre el amor), en el corazón (como me cuesta…), sentimientos y emociones con los que sucede lo mismo.

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