Todo a la vez no se puede tener; constantemente hay que dejar de lado posesiones más o menos arraigadas para dejar vía libre a nuevas adquisiciones. El problema es que hemos adoptado la mala costumbre de comparar continuamente, por inercia y, a veces, sin ser conscientes de ello. Mi consejo es percatarse y aceptar que nuestros recursos pueden ser diferentes sin ser mejores o peores, y que satisfacen las necesidades propias del momento, por eso fluyen y no se instalan permanentemente.
Está bien saber que cargamos con una serie de arquetipos adheridos a un mundo prefabricado que nos bloquean como seres instintivos y fruto de la naturaleza a la que pertenecemos. Nuestras necesidades son distintas en cada época que se nos presenta, y la felicidad es algo tan efímero que me parece absurdo intentar conquistar. La monogamia es un arquetipo social que proviene de un sinsentido aún más absurdo.
Teniendo esto en cuenta, y lo que la razón, además de aportarnos, nos impide, me creo capaz de afirmar que la plena ignorancia es el mejor estado de felicidad, causalmente imposible de conseguir.
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